sábado, 18 de diciembre de 2010

Cadivi. Entre la necesidad y la Inconstitucionalidad.

La necesidad hace milagros,  dice la sabiduría popular. Es un hecho que las crisis generan grandes oportunidades y que las dificultades pueden revertirse en provecho de las personas, de las empresas o de las Estados. Ello ocurre por la inmensa capacidad creativa del ser humano, que se potencializa ante las dificultades, ya que razonamos  esencialmente para solucionar problemas. La tecnología no responde sino a la solución de problemas. Miremos en retrospectiva y veremos que de una forma u otra siempre hallamos la manera de salvar los obstáculos que impone nuestro existir.

De manera que, cuando la convivencia en inmensos grupos sociales  exigió la construcción de grandes ciudades con servicios sanitarios, acueductos etc, simplemente el hombre lo hizo. Y cuando los requerimientos de vestido excedieron con creces la capacidad productiva de las técnicas artesanales, pues construyó las tejedoras automáticas. Igual ha ocurrido con las medicinas, los medios de  transporte y comunicación etc. En fin, sin extendernos más allá  de la intención de este artículo, podemos  afirmar que la existencia del ser humano  tiene un único resultado posible, el éxito. Éxito sobre los obstáculos naturales, éxito sobre la incertidumbre y temores de su existir, éxito sobre la exacerbación de sus facultades que lo lleva a la prepotencia y éxito sobre sus vicios.

Y es esa facultad de vencer los obstáculos a través de la creatividad lo que debe tener presente toda persona en cualquier actividad gerencial, en específico el administrador de lo público.  Se pudieren hacer tratados enciclopédicos respecto a los lineamientos de actuación del servidor público, pero todos pueden resumirse en tres: Un propósito: La eficacia. Un fin: El servicio público, el bien “estar” del ciudadano. Y un camino a seguir: La Constitución.

Con estos preliminares podemos valorar apropiadamente el  sistema de control cambiario implementado en nuestro país por decreto Presidencial el 05 de febrero de 2003, bajo la denominación de “Comisión de Administración de Divisas” (Cadivi). Este ente resulta paradigmático en lo que se refiere a la violación de la Constitución en aras de la “necesidad” y a la contradicción entre los postulados políticos del cuerpo administrativo y su actuación concreta y real.

En cuanto a la necesidad y pertinencia de implementar tal sistema regulatorio y administrativo de la actividad cambiaria de divisas, asintamos que es potestad del Órgano Ejecutivo su  determinación y establecimiento, por lo que en principio su legalidad no está en discusión, más todavía si responde al “interés social”. Empero  sí nos concierne cuando se pretende extender esa regulación más allá del lapso pertinente de eficacia, antes  que, como toda medida excepcional y como el propio ente lo reconoce al justificar su establecimiento como “temporal”,  comience a  tergiversar su naturaleza y trasmontar la eficacia hacia la creación y consolidación de privilegios; y cuando se toman medidas, así sean bien intencionadas, que por satisfacer necesidades , mejor dicho, por cubrir la ineficacia gerencial, violentan la Constitución Nacional.

Es que Cadivi ha devenido en un creador de privilegios. Asignan las divisas a  posteriori, es decir, el  importador  debe tener  capacidad crediticia del proveedor internacional, lo que comercialmente sólo se logra poseyendo un soporte financiero muy fuerte. De tal forma que el pequeño y mediano importador  no tienen  oportunidad alguna de acceder a las divisas. ¿Será eso discriminatorio? ¿Responderá a la ideología socialista o…  capitalista requete salvaje? Nos consta que las “empresas capitalistas Salvajes” del exterior  quedan  pasmadas cuando se enteran que en el gobierno socialista de Venezuela  ¡¡la importación está reservada a un selecto grupo de súper privilegiados!!  ¡¡¡Insólito!!!

Comentario aparte: ¿Será que los miembros del gabinete económico no han valorado el impacto que eso causa en la economía del país? Un caso verídico nos ilustra al respecto: Una pequeña empresa que tocada por la mano de Dios accedió a los dólares “preferenciales”,  importó unos equipos cuyo precio justo de venta en el país era el que en un primer momento marcaba su etiqueta: 22.000 Bs c/u. Empero, el “importador” luego, el mismo equipo con la misma importación, lo aumentó a 27.000Bs; tres semanas después  estaba en 35.000 Bs y transcurrido igual lapso rayaba los 42.000Bs para finalmente  coronar los 65.000 Bs. ¡Increíble! cierto, todo ocurrió porque el importador progresivamente se fue percatando que ¡¡no tenía competencia!!, que era un súper privilegiado, y lógicamente aprovechó ese regalito Bolivariano. ¿Cómo queda la ley de la oferta y la demanda? ¿Es eso socialismo o capitalismo salvaje?

Otro caso digno de considerar es el de la asignación de dólares por tarjeta de crédito, una de las aberraciones más grotescas de la actividad de dicho ente administrativo, quien avasallado por un problema, por la incapacidad de efectuar un control debido a las divisas y de lograr establecer el procedimiento  apropiado y eficaz para el cumplimiento de su función, viola flagrantemente la Constitución Nacional so pretexto  de cubrir una “necesidad”.

Veamos.  Es un Derecho Humano de toda persona el viajar y vivir en cualquier lugar del planeta  que desee, en cumplimiento de las condiciones del país de  que se trate, en atención a lo dispuesto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) en su artículo 13 numeral 2: Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”;  el artículo 15 numeral 2: “A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad”  y el artículo 6: “Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”. Ello hace que el dinero bien habido, producto del  trabajo honrado, del  ahorro sacrificado de  los ciudadanos (estamos hablando de cualquier ciudadano con prescindencia de la clase social o capacidad económica porque es irrelevante en materia de Derechos Humanos); tenga un carácter “internacional”, o si se quiere, “cosmopolita”, ya que si estuviese referido exclusivamente a la moneda de un determinado país, sería evidentemente violatorio de tales Derechos Humanos, pues la persona para poder movilizarse requiere de las divisas y si se las negasen se  haría nugatorio su ejercicio.

No obstante  el Estado, por “interés nacional” limita la entrega de divisas estrictamente a lo que considera suficiente para la subsistencia de  las personas, en entregas periódicas, restringiendo el pleno, justo, legal y legítimo disfrute del fruto de su trabajo. De igual forma  a los pequeños fabricantes y emprendedores les aprueba una cantidad en divisas para la importación rápida de “insumos” (400 $) que no cubre ni el flete, obligando al interesado  a acudir al “importador”, que desde su butaca (como aquel famosos cuadro del "yo vendí al contado")  disfruta las mieles de los privilegios. ¿Será eso socialismo?

Empero, no conforme con ello, buscando la forma  practica de asignar las divisas y controlar su uso y destino, el Estado se asocia con dos trasnacionales imperiales  proveedoras del servicio  de tarjetas de Crédito, prototipos del capitalismo salvaje y de la depredación del hombre por el hombre (dignas del Leviatán);  bajo la figura del “prepago”, o sea: Son tarjetas de crédito prepagadas que, por ello, no son de crédito pero que se le dice de crédito porque son como tarjetas de crédito ¿comprendido? ( esta fue la mejor explicación oída de uno de los directivos de Cadivi) Lo cierto es que dichas tarjetas se las utilizó como un instrumento para efectuar operaciones bancarias electrónicas con divisas  hasta el monto autorizado por el ente cambiario y cuyo equivalente en bolívares debía ser previamente “pagado” en la cuenta bancaria correspondiente. Es de observar que el carácter de “prepagada” hace a la tarjeta accesible a cualquier persona sin mayores requisitos, de lo que se infiere que tal implementación respondía a la intención de Cadivi de que su exigencia no constituyese un medio de discriminación de los solicitantes de divisas y por ende violatorio de la Constitución Nacional.

El problema es que tal figura fue tergiversada al usarse para acceder a las divisas ”preferenciales” para luego revenderlas a precio libre; pero también al pretender constituirla en un  medio  de suplir las carencias de divisas, es decir, el pequeño empresario que, por ejemplo, requería 4.000 $ para traer el repuesto de la maquina con que sostiene  a su familia y las de sus ayudantes; se vio en la necesidad de  “juntar” las divisas solicitadas, que no mendigadas, también por  sus familiares y empleados para lograr importar el vital repuesto, pues la alternativa que le daba Cadivi, por las buenas, era la de acudir al importador, que le “trae” la misma pieza por 10 veces su valor por solamente tener  el privilegio de “acceder” a la directiva de Cadivi.

Ante eso Cadivi, en vez de corregir el ya desviado camino, ante la impotencia de no poder crear una regulación eficaz para tal variable que desajustaba y pervertía el sistema,  y  por su incapacidad de darle respuesta  oportuna , pertinente y Constitucional; engavetó la Constitución, se lavó bien la cara, y las manos, eliminó el uso de las tarjetas “prepagadas”  y le otorgó a las dos trasnacionales el poder absoluto de negar o aprobar las tarjetas de crédito propiamente dichas a los ciudadanos que las requiriesen para poder acceder a las divisas, estableciendo como única condición la caridad de las trasnacionales: ¡que por el amor a Dios  traten de aprobarlas!

Esto constituye una de las violaciones más descaradas  del texto constitucional que se haya visto. Prácticamente se le concede la facultad a dos trasnacionales de asignar los dólares a los ciudadanos del país.  Se niega el acceso a las divisas a las personas sin grandes cuentas bancarias o que no se ajusten a las exigencias financieras y  a los cánones raciales  y culturales de las dos trasnacionales. Adivinemos nuevamente, esto es: ¿Capitalismo o Socialismo?

Ilustremos con dos ejemplos. Supongamos que la pareja de sociólogos “x” vive en el país “xx”, desean disfrutar del fruto de sus trabajos acumulado en algunos ahorros y  a la vez realizar una investigación de campo  respecto a la cultura Tibetana, por lo que deciden irse a vivir a esas lejanías del Himalaya, comprar una casa etc. Exceptuando  situaciones coyunturales extraordinarias como la guerra etc.  y a la luz de los derechos Humanos: ¿Puede el  país “xx” negarse a entregarle en las divisas lo equivalente a sus legítimos  ahorros?

Otro caso. Consideremos que un ciudadano  “x”  desea cancelar determinados  servicios en el exterior  y requiere 400$, pero ninguna de las  trasnacionales aprobó su solicitud de asignación de la tarjeta de crédito  ¿Puede Cadivi obligar a la trasnacional de que se trate a aprobar la tarjeta o podría llamar a Obama para que la obligue a ello? Y si ese ciudadano exige que le entreguen las divisas en efectivo o que sean depositadas en la cuenta internacional de su proveedor.  ¿Puede Cadivi negarse?

En fin, el Estado debe entender que el cumplimiento verdadero y pleno de la Constitución exige como primera condición la eficacia, es decir, aplicar al máximo la creatividad para conjugar apropiadamente el cumplimiento  del deber ético y gerencial, la responsabilidad política, la necesidad social y el acatamiento Constitucional, a los fines del  bienestar de cada uno de los ciudadanos, de la paz social. ¿Es eso difícil?, no, a lo mejor los funcionarios tendrán que desempolvar las neuronas de la creatividad y por ello tal vez adolecerían de una que otra cefalea, pero luego se acostumbrarán a pensar y a ser creativos… Consideremos esto: Si los chinos alimentan cada día mejor a más de 1.300 millones de personas, y si el proyecto Apolo puso al hombre en la luna en 10 años ¿no va a poder Cadivi implementar un sistema de regulación apropiado y  eficaz en cumplimiento de la Constitución?

Simón Rodríguez bien lo dice: “inventamos o erramos”.  Por favor, entendámoslo correctamente, la “o” no es alternativa sino excluyente, pues como hemos dicho,  la creatividad surge de la necesidad y siempre es ganancia, de tal forma que el yerro se produce  al no considerar los problemas integralmente, al no plantearse la solución holística de las dificultades, pues ello “aísla” el problema desdibujando su real proporción  y cortando sus vasos comunicantes con toda la estructura político social, lo que lleva a aplicar soluciones  parcializadas, disparatadas, aberradas ,ineficaces, violatorias de los preceptos Constitucionales y  contradictorias inclusive con los postulados políticos en los que supuestamente se sustentan.   

Javier A. Rodríguez G.

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